Los juguetes electrónicos que hablan, cantan o emiten sonidos suelen ser los favoritos de los niños más pequeños, pero también los que más rápidamente agotan las pilas de la casa. Es habitual descubrir, justo cuando el niño quiere jugar, que el juguete favorito se ha quedado completamente sin energía.
Tener siempre a mano un pequeño stock de pilas de repuesto, guardadas en un lugar conocido por toda la familia, evita más de una rabieta cuando el juguete deja de funcionar en el peor momento posible. Revisar este pequeño almacén cada cierto tiempo ayuda a no quedarse sin existencias justo cuando más se necesitan.
El volumen también importa
Muchos juguetes electrónicos permiten ajustar el volumen del sonido, una opción que conviene revisar nada más sacarlos de la caja, ya que de fábrica suelen venir configurados a un nivel bastante más alto del necesario para el uso diario en casa.
Guardar los juguetes con pilas en un lugar donde no puedan activarse accidentalmente, por ejemplo dentro de un cajón cerrado, evita esos sonidos inesperados en mitad de la noche que a veces sobresaltan a toda la familia sin motivo aparente.
Enseñar a los niños, incluso desde pequeños, a apagar sus juguetes después de jugar no solo alarga la vida de las pilas, sino que además introduce una sencilla rutina de orden que resulta útil mucho más allá de los propios juguetes.
Revisar de vez en cuando los juguetes que llevan tiempo sin usarse, comprobando el estado de las pilas en su interior, evita sorpresas desagradables el día en que el niño decide recuperarlos después de varios meses guardados en un cajón.
Aprovechar los cumpleaños o las fiestas señaladas para hacer esta pequeña revisión general de juguetes y pilas convierte una tarea fácil de olvidar en un hábito que se repite de forma natural varias veces al año sin apenas esfuerzo.